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jueves, 27 de agosto de 2009
miércoles, 12 de agosto de 2009
REFLEXIONES EN TORNO A LA RESPONSABILIDAD SOCIAL EMPRESARIAL
INTRODUCCIÓN
Hoy más que nunca persiste la urgente necesidad de operar empresas eficientes, la responsabilidad de ahorrar recursos y de utilizarlos racionalmente, esta vinculado a producir y ofertar bienes y servicios cada vez más efectivos acordes a las expectativas de los complejos mercados y de una sociedad cada vez más racional, demandante de calidad en sentido amplio.
Esta situación social ha provocado la necesidad de cambiar el paradigma decisional tradicional de un enfoque de optimización de costos a un enfoque multicriterio superando intereses exclusivamente particulares y de visión limitada por posibilidades reales de bienestar socialmente extendidos, concientemente provocados.
Se reconoce cada vez más la influencia del entorno en la gestión, toda vez que las empresas no pueden trabajar en forma aislada ya que forman parte de la comunidad que las acoge, y esta es afectada por sus acciones y decisiones, es necesario que la empresa trabaje por sus objetivos, su permanencia y desarrollo, considerando sus propios recursos y sus responsabilidades ampliadas para el mejoramiento de sí misma y de la sociedad, apoyando una sana ecología y una mejor calidad de vida para todos.
COMPONENTES DE LA RESPONSABILIDAD EMPRESARIAL
Aspectos centrales de la responsabilidad social empresarial, advierten la aplicación voluntaria, decidida y razonada de su implementación, así como su carácter benéfico y extensivo, que cubra la perspectiva de los propietarios y gerentes, de su personal, de sus proveedores y de la sociedad en su conjunto.
La responsabilidad social empresarial conforma una aportación positiva, manifiesta en la planeación, ejecución y control de una practica cotidiana por parte de las unidades productivas a favor de sí mismas y de la sociedad, que considere la minimización de los impactos desfavorables en la gestión sobre la utilización de recursos, las personas involucradas y el entorno natural inmediato y extendido, valiosa estrategia que asocia las variables de competitividad con sustentabilidad.
La competitividad vista como la base económica a desarrollar sobre la cual se financie la practica sustentable, muestra “que la empresa, al mismo tiempo que busca obtener utilidades (responsabilidad económica), también obedece las leyes (responsabilidad jurídica), haciendo lo correcto, justo y equitativo (responsabilidad ética) siendo un buen ciudadano corporativo (responsabilidad filantrópica). Estos cuatro componentes son distintos pero juntos forman un todo. No obstante, si la empresa no obtiene utilidades, las otras tres responsabilidades carecen de sustento” (.Gitman y McDaniels. 2001: 107)
De esta manera se reconoce que la empresa debe ser rentable para poder sobrevivir, su responsabilidad económica se encuentra en la base de la pirámide, en el segundo nivel de la estructura se reconoce que las consideraciones de orden jurídico también son necesarias para el bienestar empresarial, por su parte las responsabilidades éticas descansan sobre la base de las económicas y de las jurídicas, las responsabilidades filantrópicas se encuentran en la parte mas alta del triangulo y solo se pueden considerar cuando las responsabilidades anteriores han sido atendidas.
La responsabilidad social empresarial alienta una efectiva y cotidiana operación administrativa ampliando escenarios de actuación, incorporando actores responsables y concientes a la actividad productiva, que además de aportar recursos, los optimicen generando mayores beneficios y al mismo tiempo minimicen el impacto negativo sobre las personas y el entorno inmediato extendido. Asociando bajo esta vía, objetivos económicos, sociales y medioambientales.
Las empresas no pueden trabajar en forma aislada. La empresa forma parte de la comunidad, y esta es afectada por las actitudes empresariales, es necesario que la empresa trabaje en el mejoramiento de la sociedad y proporcione un ambiente interno en el que todos los empleados puedan desarrollarse con una filosofía que lleve a una sana ecología y una mejor calidad de vida para todos. “Cada empresario tiene que estar convencido de que el futuro de su empresa, su familia y la comunidad depende de sus actitudes y acciones pro-ecológicas”. (Kras.1994:75)
RESPONSABILIDAD Y RENTABILIDAD
Un aspecto fundamental que da evidencia de un nuevo estilo de administración es aquel que estimula la incorporación de personal en proceso continuo de avance, sensible y proactivo que interiorizado en la practica diaria desarrolla habilidades, valores y aptitudes, aportando conocimiento y estrategia para hacer empresa con amplio sentido de participación en busca de eficiencia y productividad, a través de practicas operativas de ahorro de energía, gestión adecuada de recursos, reutilización de residuos y subproductos, entre otras.
Este tipo de operación empresarial estimula un ambiente interno favorable, en donde la valoración del recurso humano adscrito es una constante reflejando positivas condiciones de trabajo, generando procesos analíticos participativos, de comunicación fluida, de opciones y de visión ampliada. Las empresas sustentables reconocen oportunidades, son innovadoras y presentan una amplia sensibilidad al entorno interno y externo, reconocen la necesidad de extender beneficios al ámbito próximo y cercano del que forman parte, saben que invertir para reducir los impactos negativos de su gestión mejora condiciones de vida de la población en su conjunto, acrecentan su participación en programas y actividades en favor de los empleados, de sus familias, de sectores sociales necesitados y en el bienestar general de la comunidad.
Nuevas implicaciones de mercado son cada vez mas identificadas, a partir de valores sociales y medioambientales desarrollados por las empresas, los precios y la calidad de los bienes, la higiene, la seguridad y en general el manejo de los procesos se relaciona cada vez mas con los principios éticos de los mensajes publicitarios, de los componentes y presentaciones, de los usos y desusos y de los servicios postventa, fortaleciendo la imagen corporativa y el posicionamiento de productos y marcas.
Las asociaciones, fusiones comerciales y los más importantes proveedores de insumos y materias primas, son evaluados al igual que la empresa misma, por parte de los consumidores, esta consideración forma parte del esquema moderno de clientes cada vez más informados, exigentes e interconectados con una serie de productos y servicios globalmente identificados y sobre los que se sustentan amplias expectativas tecnológicas, comerciales, ambientales y sociales. Bajo esta condición mercadológica, las empresas responsables son mayormente identificadas y valoradas socialmente, potencializando su rentabilidad.
RESPONSABILIDAD Y SUSTENTABILIDAD
La responsabilidad jurídica esta manifiesta en una serie de decisiones que la empresa toma de manera voluntaria, conciente y razonada “no porque se lo obliga una ley o simplemente porque está de moda, el concepto está más allá de la legislación, intenta llegar a donde la legislación no llega, ya que lo primero que debe tener en cuenta una empresa socialmente responsable es que debe cumplir con todas las normas jurídicas vigentes, tanto nacionales como internacionales”(Rensi. 2004:2), sin importar tamaño o condición jurídica así como si son empresas nacionales o extranjeras.
Considerando lo anterior, se perfilan empresas abiertas a incorporar factores de sustentabilidad ambiental en su gestión operativa, que constituyen un sector lamentablemente pequeño frente a uno masivo que se presenta cerrado y lejano para ingresar a sistemas de regulación y aplicación de instrumentos más exigentes y solidarios con el ambiente.
Las primeras empresas aplican practicas continuadas de reingeniería en los procesos críticos, ayudando a reducir emisiones de contaminantes a la atmósfera, impactando responsablemente en disminuir la contaminación directa a los suelos y cuerpos de agua, así como a otros espacios externos, de igual forma estimulan la recuperación de desechos que van desde la inducción hasta la recuperación de efectos negativos, todos relacionados con producción limpia y manejo ecoeficiente por la incorporación y uso de tecnología y manufactura alternativa, mantenimiento adecuado de equipo y maquinaria, implementación de programas ahorro y uso responsable de energía, aprovechamiento racional y reducción de costos, entre otras acciones. La inversión realizada en este sentido reclama el manejo estratégico de la presupuestación, costeo y recuperación, como apoyo a una acertada toma de decisiones.
La seguridad y el manejo limpio a lo largo del proceso y su inclusión como valor intrínsico en la marca y en los productos, se asocian al reconocimiento interno y externo a través de la identificación positiva de la conducta y praxis empresarial a favor del medio ambiente, mostrando una mayor complementariedad entre el desarrollo de la actividad empresarial y la protección del patrimonio natural, relacionando la rentabilidad privada que genera recursos económicos amplios y superiores con relación a la inversión realizada, que bajo el encuadre global de responsabilidad social incide positivamente en la preservación y en una mejor calidad de vida para todos.
MEDICION DE LA RESPONSABILIDAD SOCIAL
“Una posible manera de medir los niveles de responsabilidad empresarial será el conocer la manera de como los empresarios piensan sobre su propia responsabilidad en el desarrollo de su puesto y como actúan, ya que la responsabilidad con el medio ambiente es fundamentalmente una decisión económica-administrativa, así como el tipo y el alcance, puede ser una área para evaluar el compromiso que se tiene, las acciones, los programas y procedimientos implantados será lo que revele la seriedad de la intención de apoyar la eficiencia, el recurso humano integrado y el medio ambiente”.(Velázquez-Valderrama.2003: 146)
Las tablas comparativas de sustentabilidad y no sustentabilidad conforman un instrumento operativo que permite medir las actividades que en torno a la responsabilidad social están implementando las empresas, se trata de un acercamiento inicial que genera resultados, en dos ámbitos uno empresarial y otro global, favoreciendo la identificación de una actuación objetiva.
En todo momento, resulta importante el conocer el interés que manifiestan y desarrollan las empresas y las personas que en ellas y con ellas trabajan, considerando los esfuerzos canalizados al cuidado del medio ambiente, identificando de manera directa las estrategias que despliegan en tal sentido durante el ciclo operativo. Esta actitud y aptitud deberían ser fortalecidas al interior de la empresa a efecto de conformar en una instancia superada, un sistema integrado de gestión ambiental que tienda a la certificación de procesos calidad y manejo responsable de recursos, en donde se registren las operaciones, procedimientos, procesos y recursos para desarrollar, implementar y mantener una política ambiental positiva.
De manera genérica las principales actividades para lograr una gestión ambiental certificada serian: 1) Establecer una política, fijar objetivos y metas, desarrollar programas ambientales, .2) Detectar los aspectos ambientales e identificar los impactos significativos, 3) Documentar los procesos y definir los registros necesarios, 4) Evaluar el sistema a través de auditorias internas, 5) Implementar acciones correctivas y preventivas – ciclo de mejoras, 6) Auditoría de certificación a través de un organismo acreditado, 7) Resultados medibles del sistema de gestión ambiental, relacionados con el control de una organización sobre sus aspectos ambientales, basado en su política, objetivos y metas ambientales
Toda experiencia empresarial en este sentido, debería ser evaluarla y proyectada socialmente, ya que el problema de contaminación y manejo de desechos entre otros, son una exigencia creciente para las empresas de todo tipo, tamaño y estructura. Bajo esta lógica, la instrumentación de acciones y programas de manera dispersa y aislada, la falta de registros e involucramientos al interior y al exterior puede provocar no solo desorden e ineficiencia sino también, costos privados y sociales linealmente crecientes, la sola atención de visitas, inspecciones y requerimientos no permite el avance y la operación de medidas y mejoras así como la valoración y establecimiento de estrategias preventivas, el desconocimiento de experiencias empresariales a nivel de ramo, especialidad o contexto redundan en apatía, negación y perdida de conciencia.
Fortalecidos en el anterior razonamiento en el corto y largo plazo, los retos empresariales serán cada vez mayores en términos de eficiencia, competitividad, rentabilidad y sustentabilidad, vislumbrando en perspectiva razonada y aprendida, la demanda de una mayor responsabilidad social empresarial, como posibilidad de superación y mejoramiento de condiciones presentes y futuras.
Referencias bibliograficas
Gitman Larry J. McDaniels Carl El Futuro de los Negocios, edición del milenio. International Thomson Editores, S.A. México, 2001. Pág. 107.
Kras, Eva. El Desarrollo Sustentable y las Empresas. Grupo Editorial Iberoamericana. México, 1994. Pág. 75.
Rensi. Roberto La Visión de Unión Europea sobre Competitividad y Responsabilidad Social Empresarial. Ponencia presentada en el Seminario Internacional Competitividad y Responsabilidad Social. Santiago de Chile, 2004.
Velázquez R. Maria Guadalupe. Valderrama M. Jorge A. Aplicación de criterios de sustentabilidad en empresas turísticas en la frontera norte de México. (Estudio exploratorio con propuesta de atención y seguimiento) en Turismo 1. Organizaciones del tercer sector en el turismo. México, 2003. Pág. 146.
CANNON TOM, (1994) La responsabilidad de la empresa,Traducción de Javier Serra, Ediciones Folio, Barcelona, 1994
JAMES C. COLLINS y JERRY I. PORRAS
Empresas que perduran. Principios básicos de las compañías con visión de futuro
Paidós, Barcelona, 1996
DOMÉNEC MELE, ALFREDO PASTOR Y JUAN ANTONIO PÉREZ LÓPEZ
La aportación de la empresa a la sociedad
Biblioteca IESE de Gestión de empresas, Ediciones Folio, Barcelona, 1997
GEORGE ENDEBLE
People in Corporations: Ethical Responsabilities & Corporate Effectiveness
Kluwer Academic Publishers, 1998
COMISIÓN DE LAS COMUNIDADES EUROPEAS
Libro Verde sobre Responsabilidad Social de las empresas
Comisión Europea, Bruselas, 2001
FUNDACIÓN EMPRESA Y SOCIEDAD
La empresa que viene. Responsabilidad y acción social en la empresa del futuro
Fundación Empresa y Sociedad, Madrid, 2001
ANDI -Asociación de Empresarios Andinos, con el auspicio de la OIT
El Manual del Balance Social
ANDI - OIT, Bogotá, 2001
AGENCIA EUROPEA PARA LA SEGURIDAD Y SALUD EN EL TRABAJO
Responsabilidad social de las empresas y salud laboral
Forum, revista n° 3, Agencia Europea para la Seguridad y Salud en el trabajo, Bilbao, 2002
MIGUEL UDAONDO, director de Calidad y Medio Ambiente de la Fundación Airtel-Vodafone
Conferencia presentada en el XII Congreso de Valores, Barcelona, 2002
GLOBAL REPORTING INITIATIVE
Sustainability Reporting Guidelines
GRI, Boston-USA, 2002 (www.globalreporting.org)
PRICEWATERHOUSE COOPERS
Responsabilidad Social Corporativa: Tendencias empresariales en España
Hoy más que nunca persiste la urgente necesidad de operar empresas eficientes, la responsabilidad de ahorrar recursos y de utilizarlos racionalmente, esta vinculado a producir y ofertar bienes y servicios cada vez más efectivos acordes a las expectativas de los complejos mercados y de una sociedad cada vez más racional, demandante de calidad en sentido amplio.
Esta situación social ha provocado la necesidad de cambiar el paradigma decisional tradicional de un enfoque de optimización de costos a un enfoque multicriterio superando intereses exclusivamente particulares y de visión limitada por posibilidades reales de bienestar socialmente extendidos, concientemente provocados.
Se reconoce cada vez más la influencia del entorno en la gestión, toda vez que las empresas no pueden trabajar en forma aislada ya que forman parte de la comunidad que las acoge, y esta es afectada por sus acciones y decisiones, es necesario que la empresa trabaje por sus objetivos, su permanencia y desarrollo, considerando sus propios recursos y sus responsabilidades ampliadas para el mejoramiento de sí misma y de la sociedad, apoyando una sana ecología y una mejor calidad de vida para todos.
COMPONENTES DE LA RESPONSABILIDAD EMPRESARIAL
Aspectos centrales de la responsabilidad social empresarial, advierten la aplicación voluntaria, decidida y razonada de su implementación, así como su carácter benéfico y extensivo, que cubra la perspectiva de los propietarios y gerentes, de su personal, de sus proveedores y de la sociedad en su conjunto.
La responsabilidad social empresarial conforma una aportación positiva, manifiesta en la planeación, ejecución y control de una practica cotidiana por parte de las unidades productivas a favor de sí mismas y de la sociedad, que considere la minimización de los impactos desfavorables en la gestión sobre la utilización de recursos, las personas involucradas y el entorno natural inmediato y extendido, valiosa estrategia que asocia las variables de competitividad con sustentabilidad.
La competitividad vista como la base económica a desarrollar sobre la cual se financie la practica sustentable, muestra “que la empresa, al mismo tiempo que busca obtener utilidades (responsabilidad económica), también obedece las leyes (responsabilidad jurídica), haciendo lo correcto, justo y equitativo (responsabilidad ética) siendo un buen ciudadano corporativo (responsabilidad filantrópica). Estos cuatro componentes son distintos pero juntos forman un todo. No obstante, si la empresa no obtiene utilidades, las otras tres responsabilidades carecen de sustento” (.Gitman y McDaniels. 2001: 107)
De esta manera se reconoce que la empresa debe ser rentable para poder sobrevivir, su responsabilidad económica se encuentra en la base de la pirámide, en el segundo nivel de la estructura se reconoce que las consideraciones de orden jurídico también son necesarias para el bienestar empresarial, por su parte las responsabilidades éticas descansan sobre la base de las económicas y de las jurídicas, las responsabilidades filantrópicas se encuentran en la parte mas alta del triangulo y solo se pueden considerar cuando las responsabilidades anteriores han sido atendidas.
La responsabilidad social empresarial alienta una efectiva y cotidiana operación administrativa ampliando escenarios de actuación, incorporando actores responsables y concientes a la actividad productiva, que además de aportar recursos, los optimicen generando mayores beneficios y al mismo tiempo minimicen el impacto negativo sobre las personas y el entorno inmediato extendido. Asociando bajo esta vía, objetivos económicos, sociales y medioambientales.
Las empresas no pueden trabajar en forma aislada. La empresa forma parte de la comunidad, y esta es afectada por las actitudes empresariales, es necesario que la empresa trabaje en el mejoramiento de la sociedad y proporcione un ambiente interno en el que todos los empleados puedan desarrollarse con una filosofía que lleve a una sana ecología y una mejor calidad de vida para todos. “Cada empresario tiene que estar convencido de que el futuro de su empresa, su familia y la comunidad depende de sus actitudes y acciones pro-ecológicas”. (Kras.1994:75)
RESPONSABILIDAD Y RENTABILIDAD
Un aspecto fundamental que da evidencia de un nuevo estilo de administración es aquel que estimula la incorporación de personal en proceso continuo de avance, sensible y proactivo que interiorizado en la practica diaria desarrolla habilidades, valores y aptitudes, aportando conocimiento y estrategia para hacer empresa con amplio sentido de participación en busca de eficiencia y productividad, a través de practicas operativas de ahorro de energía, gestión adecuada de recursos, reutilización de residuos y subproductos, entre otras.
Este tipo de operación empresarial estimula un ambiente interno favorable, en donde la valoración del recurso humano adscrito es una constante reflejando positivas condiciones de trabajo, generando procesos analíticos participativos, de comunicación fluida, de opciones y de visión ampliada. Las empresas sustentables reconocen oportunidades, son innovadoras y presentan una amplia sensibilidad al entorno interno y externo, reconocen la necesidad de extender beneficios al ámbito próximo y cercano del que forman parte, saben que invertir para reducir los impactos negativos de su gestión mejora condiciones de vida de la población en su conjunto, acrecentan su participación en programas y actividades en favor de los empleados, de sus familias, de sectores sociales necesitados y en el bienestar general de la comunidad.
Nuevas implicaciones de mercado son cada vez mas identificadas, a partir de valores sociales y medioambientales desarrollados por las empresas, los precios y la calidad de los bienes, la higiene, la seguridad y en general el manejo de los procesos se relaciona cada vez mas con los principios éticos de los mensajes publicitarios, de los componentes y presentaciones, de los usos y desusos y de los servicios postventa, fortaleciendo la imagen corporativa y el posicionamiento de productos y marcas.
Las asociaciones, fusiones comerciales y los más importantes proveedores de insumos y materias primas, son evaluados al igual que la empresa misma, por parte de los consumidores, esta consideración forma parte del esquema moderno de clientes cada vez más informados, exigentes e interconectados con una serie de productos y servicios globalmente identificados y sobre los que se sustentan amplias expectativas tecnológicas, comerciales, ambientales y sociales. Bajo esta condición mercadológica, las empresas responsables son mayormente identificadas y valoradas socialmente, potencializando su rentabilidad.
RESPONSABILIDAD Y SUSTENTABILIDAD
La responsabilidad jurídica esta manifiesta en una serie de decisiones que la empresa toma de manera voluntaria, conciente y razonada “no porque se lo obliga una ley o simplemente porque está de moda, el concepto está más allá de la legislación, intenta llegar a donde la legislación no llega, ya que lo primero que debe tener en cuenta una empresa socialmente responsable es que debe cumplir con todas las normas jurídicas vigentes, tanto nacionales como internacionales”(Rensi. 2004:2), sin importar tamaño o condición jurídica así como si son empresas nacionales o extranjeras.
Considerando lo anterior, se perfilan empresas abiertas a incorporar factores de sustentabilidad ambiental en su gestión operativa, que constituyen un sector lamentablemente pequeño frente a uno masivo que se presenta cerrado y lejano para ingresar a sistemas de regulación y aplicación de instrumentos más exigentes y solidarios con el ambiente.
Las primeras empresas aplican practicas continuadas de reingeniería en los procesos críticos, ayudando a reducir emisiones de contaminantes a la atmósfera, impactando responsablemente en disminuir la contaminación directa a los suelos y cuerpos de agua, así como a otros espacios externos, de igual forma estimulan la recuperación de desechos que van desde la inducción hasta la recuperación de efectos negativos, todos relacionados con producción limpia y manejo ecoeficiente por la incorporación y uso de tecnología y manufactura alternativa, mantenimiento adecuado de equipo y maquinaria, implementación de programas ahorro y uso responsable de energía, aprovechamiento racional y reducción de costos, entre otras acciones. La inversión realizada en este sentido reclama el manejo estratégico de la presupuestación, costeo y recuperación, como apoyo a una acertada toma de decisiones.
La seguridad y el manejo limpio a lo largo del proceso y su inclusión como valor intrínsico en la marca y en los productos, se asocian al reconocimiento interno y externo a través de la identificación positiva de la conducta y praxis empresarial a favor del medio ambiente, mostrando una mayor complementariedad entre el desarrollo de la actividad empresarial y la protección del patrimonio natural, relacionando la rentabilidad privada que genera recursos económicos amplios y superiores con relación a la inversión realizada, que bajo el encuadre global de responsabilidad social incide positivamente en la preservación y en una mejor calidad de vida para todos.
MEDICION DE LA RESPONSABILIDAD SOCIAL
“Una posible manera de medir los niveles de responsabilidad empresarial será el conocer la manera de como los empresarios piensan sobre su propia responsabilidad en el desarrollo de su puesto y como actúan, ya que la responsabilidad con el medio ambiente es fundamentalmente una decisión económica-administrativa, así como el tipo y el alcance, puede ser una área para evaluar el compromiso que se tiene, las acciones, los programas y procedimientos implantados será lo que revele la seriedad de la intención de apoyar la eficiencia, el recurso humano integrado y el medio ambiente”.(Velázquez-Valderrama.2003: 146)
Las tablas comparativas de sustentabilidad y no sustentabilidad conforman un instrumento operativo que permite medir las actividades que en torno a la responsabilidad social están implementando las empresas, se trata de un acercamiento inicial que genera resultados, en dos ámbitos uno empresarial y otro global, favoreciendo la identificación de una actuación objetiva.
En todo momento, resulta importante el conocer el interés que manifiestan y desarrollan las empresas y las personas que en ellas y con ellas trabajan, considerando los esfuerzos canalizados al cuidado del medio ambiente, identificando de manera directa las estrategias que despliegan en tal sentido durante el ciclo operativo. Esta actitud y aptitud deberían ser fortalecidas al interior de la empresa a efecto de conformar en una instancia superada, un sistema integrado de gestión ambiental que tienda a la certificación de procesos calidad y manejo responsable de recursos, en donde se registren las operaciones, procedimientos, procesos y recursos para desarrollar, implementar y mantener una política ambiental positiva.
De manera genérica las principales actividades para lograr una gestión ambiental certificada serian: 1) Establecer una política, fijar objetivos y metas, desarrollar programas ambientales, .2) Detectar los aspectos ambientales e identificar los impactos significativos, 3) Documentar los procesos y definir los registros necesarios, 4) Evaluar el sistema a través de auditorias internas, 5) Implementar acciones correctivas y preventivas – ciclo de mejoras, 6) Auditoría de certificación a través de un organismo acreditado, 7) Resultados medibles del sistema de gestión ambiental, relacionados con el control de una organización sobre sus aspectos ambientales, basado en su política, objetivos y metas ambientales
Toda experiencia empresarial en este sentido, debería ser evaluarla y proyectada socialmente, ya que el problema de contaminación y manejo de desechos entre otros, son una exigencia creciente para las empresas de todo tipo, tamaño y estructura. Bajo esta lógica, la instrumentación de acciones y programas de manera dispersa y aislada, la falta de registros e involucramientos al interior y al exterior puede provocar no solo desorden e ineficiencia sino también, costos privados y sociales linealmente crecientes, la sola atención de visitas, inspecciones y requerimientos no permite el avance y la operación de medidas y mejoras así como la valoración y establecimiento de estrategias preventivas, el desconocimiento de experiencias empresariales a nivel de ramo, especialidad o contexto redundan en apatía, negación y perdida de conciencia.
Fortalecidos en el anterior razonamiento en el corto y largo plazo, los retos empresariales serán cada vez mayores en términos de eficiencia, competitividad, rentabilidad y sustentabilidad, vislumbrando en perspectiva razonada y aprendida, la demanda de una mayor responsabilidad social empresarial, como posibilidad de superación y mejoramiento de condiciones presentes y futuras.
Referencias bibliograficas
Gitman Larry J. McDaniels Carl El Futuro de los Negocios, edición del milenio. International Thomson Editores, S.A. México, 2001. Pág. 107.
Kras, Eva. El Desarrollo Sustentable y las Empresas. Grupo Editorial Iberoamericana. México, 1994. Pág. 75.
Rensi. Roberto La Visión de Unión Europea sobre Competitividad y Responsabilidad Social Empresarial. Ponencia presentada en el Seminario Internacional Competitividad y Responsabilidad Social. Santiago de Chile, 2004.
Velázquez R. Maria Guadalupe. Valderrama M. Jorge A. Aplicación de criterios de sustentabilidad en empresas turísticas en la frontera norte de México. (Estudio exploratorio con propuesta de atención y seguimiento) en Turismo 1. Organizaciones del tercer sector en el turismo. México, 2003. Pág. 146.
CANNON TOM, (1994) La responsabilidad de la empresa,Traducción de Javier Serra, Ediciones Folio, Barcelona, 1994
JAMES C. COLLINS y JERRY I. PORRAS
Empresas que perduran. Principios básicos de las compañías con visión de futuro
Paidós, Barcelona, 1996
DOMÉNEC MELE, ALFREDO PASTOR Y JUAN ANTONIO PÉREZ LÓPEZ
La aportación de la empresa a la sociedad
Biblioteca IESE de Gestión de empresas, Ediciones Folio, Barcelona, 1997
GEORGE ENDEBLE
People in Corporations: Ethical Responsabilities & Corporate Effectiveness
Kluwer Academic Publishers, 1998
COMISIÓN DE LAS COMUNIDADES EUROPEAS
Libro Verde sobre Responsabilidad Social de las empresas
Comisión Europea, Bruselas, 2001
FUNDACIÓN EMPRESA Y SOCIEDAD
La empresa que viene. Responsabilidad y acción social en la empresa del futuro
Fundación Empresa y Sociedad, Madrid, 2001
ANDI -Asociación de Empresarios Andinos, con el auspicio de la OIT
El Manual del Balance Social
ANDI - OIT, Bogotá, 2001
AGENCIA EUROPEA PARA LA SEGURIDAD Y SALUD EN EL TRABAJO
Responsabilidad social de las empresas y salud laboral
Forum, revista n° 3, Agencia Europea para la Seguridad y Salud en el trabajo, Bilbao, 2002
MIGUEL UDAONDO, director de Calidad y Medio Ambiente de la Fundación Airtel-Vodafone
Conferencia presentada en el XII Congreso de Valores, Barcelona, 2002
GLOBAL REPORTING INITIATIVE
Sustainability Reporting Guidelines
GRI, Boston-USA, 2002 (www.globalreporting.org)
PRICEWATERHOUSE COOPERS
Responsabilidad Social Corporativa: Tendencias empresariales en España
Implicaciones estratégicas de la RSC
1.1. Introducción
La responsabilidad social corporativa (en adelante RSC) o responsabilidad social empresarial se ha convertido en un término de uso frecuente en el mundo de los negocios. Hoy día no hay gran empresa que no estudie en profundidad cuál es su RSC y diseñe un plan de acción coherente con dicha responsabilidad.
En este capítulo, en primer lugar se tratará de ofrecer una visión clara del concepto de RSC, de cómo puede responder la empresa ante las demandas socia¬les y de qué posibles implicaciones económicas se derivan. Además, la RSC puede tener un alcance estratégico, condicionando los negocios y mercados en los que va a competir la empresa y la forma en que va a ejercer dicha competencia. Finalmente, a la hora de afrontar la RSC por parte de una empresa suele ser útil transformarla en asuntos concretos a gestionar con los distintos grupos de interés de la compañía. Este planteamiento se corresponde con una visión de la empresa basada en sus stakeholders, por lo que se comentarán las líneas principales que definen esta teoría.
El resto de capítulos de esta obra se apoyarán en la estructura de stakeholders de la empresa ahora propuesta, puesto que irán profundizando en las particulari-dades de la RSC propias de la relación establecida con cada uno de ellos.
1.2. Responsabilidad social corporativa (RSC)
Atendiendo a las definiciones dadas en el Diccionario de la Lengua Española publicado por la Real Academia, el término «responsabilidad» podría describir¬se de la siguiente manera: «cargo u obligación moral que resulta para alguien del posible yerro en cosa o asunto determinado». De acuerdo con esta definición, la responsabilidad de la empresa será mayor o menor en función del número de asuntos que se entienda que guardan alguna relación con la empresa y de su naturaleza o contenido. Así, cabe preguntarse: ¿cuáles son los asuntos que debe abordar eficazmente la empresa porque un yerro en los mismos le generaría una carga u obligación moral? En definitiva, ¿qué papel debe jugar la empresa? Según Carrol! (1991) es posible distinguir cuatro componentes de la responsa¬bilidad de la empresa:
1. Responsabilidad económica. Las organizaciones empresariales se crearon con la finalidad de proporcionar unos bienes y servicios que satisfagan las necesidades de los consumidores a cambio de un precio justo, por lo que su naturaleza económica es evidente y el objetivo de maximizar el beneficio derivado de su actividad el primero en ser reconocido.
2. Responsabilidad legal. Se espera que las empresas actúen de acuerdo con las leyes y normas que regulan el funcionamiento del mercado y la sociedad de la que forman parte.
3. Responsabilidad ética. Recoge las expectativas que los accionistas, trabajadores, clientes y sociedad en general tienen respecto al comportamiento de la empresa según su consideración de lo que es justo y según sus principios morales.
4. Responsabilidad filantrópica. La sociedad en su conjunto desea que las empresas actúen como buenos ciudadanos y comprometan parte de sus recursos en mejorar la situación de bienestar de todos. Dicho deseo no implica estrictamente obligación para las empresas y en el caso de no actuar en este sentido su conducta no tendría que ser necesariamente tachada de falta de ética.
Tradicionalmente, la responsabilidad económica ha sido la predominante en la concepción empre¬sarial, lo que justifica su posición en la base de la pirámide, añadiéndose las responsabilidades legal, ética y filantrópica en fases sucesivas. Adicionalmente, entre estos componentes existirán conflictos, destacando los establecidos entre las responsabilidades económicas y el resto. Un estricto cumplimiento de la legalidad y de los compromisos sociales y, sobre todo, una conducta empresarial de naturaleza filantrópica, conllevarán una serie de desembolsos e inversiones cuya rentabilidad económica en ocasiones puede ser difícil de justificar.
Aunque estos cuatro componentes (económico, legal, ético y filantrópico) sean en ocasiones incluidos dentro del término de RSC, lo cierto es que este con¬cepto precisa de ciertas matizaciones.
Una de las definiciones clásicas de responsabilidad social de la empresa es la proporcionada por Davis (1960:70), quien hace referencia a «las decisiones y acciones tomadas por razones que, al menos parcialmente, se encuentran más allá de los intereses económicos y técnicos de la empresa».
De esta forma, se plantea que la empresa pueda tener intereses, motivaciones y competencia sobre asuntos sociales, que no se corresponden estrictamente con la simple actividad productiva y comercial entendida como generadora de bene-ficios. En realidad, este reconocimiento de la interacción entre empresa y socie-dad ha existido desde comienzos del siglo xx e incluso pueden encontrarse ejemplos de pura filantropía empresarial en el siglo xix. A mediados de la década de 1920, representantes y directivos de empresas ya comenzaron a hablar de la necesidad de atender los intereses de otros agentes distintos de los accionistas. Estas ideas sufrieron altibajos durante la década de la depresión de 1930 y fueron subordinadas ante otras necesidades más urgentes en la Segunda Guerra Mundial (Heald, 1970). Sin embargo, en los años 50 resurgieron con fuerza (Bowen, 1953), experimentando un desarrollo ininterrumpido hasta nuestros días.
La idea principal de la RSC consiste en que las empresas tienen obligación de trabajar para conseguir una mejora del bienestar social. Esta obligación puede ser reconocida y asumida voluntariamente por la empresa o puede ser impuesta coercitivamente por parte de las autoridades públicas, fundamentalmente a través de su capacidad y autoridad legislativas (Frederick, 1994). De acuerdo con este planteamiento, el cumplimiento de la legislación vigente podría considerarse como un acto de responsabilidad social. Sin embargo, muchas veces este componente de la responsabilidad de la empresa, al igual que sucediera con el económico, suele considerarse al margen de la responsabilidad social.
En definitiva, el concepto de RSC predominante en la actualidad hace refe¬rencia a la asunción de la obligación de llevar el comportamiento corporativo a un nivel superior en el que sea congruente con las normas, valores y expectativas sociales existentes y no sólo con los criterios económicos y legales (Sethi, 1979; Boatright, 2003).
A pesar de lo dicho, también es cierto que en su momento no todos aceptaron una visión tan amplia de la responsabilidad de la empresa. En este sentido, podríamos remontarnos en el tiempo hasta Adam Smith (1776), quien proclamó explícitamente que la búsqueda del interés individual por parte de todos los agentes que intervienen en el sistema económico contribuye al interés público gracias a la acción de la denominada «mano invisible» del mercado. La filosofía del laissez faire o no intervención en los mercados fue la predominante en el siglo XIX, entendiendo que la búsqueda y aprovechamiento de las oportunidades personales en un mercado de libre funcionamiento tenía como consecuencia el progreso de la comunidad y el bienestar social. Ya en el siglo pasado, Levitt (1958) criticó la nueva corriente de responsabilidad social manifestando que el bienestar social es responsabilidad de los gobiernos, pero no de las empresas. No obstante, sería Millón Friedman, Nobel en Economía y miembro de la conocida como Escuela de Economía de Chicago, quien negara de forma rotunda la necesidad de que las empresas asumieran obligaciones o responsabilidades más allá de la simple gene¬ración de beneficio. No cabe duda de que esta postura adolece de una importante carga ideológica. Así, Friedman (1962:133) argumentó que «pocas tendencias podían socavar tan profundamente los cimientos de nuestra sociedad como la asunción por parte de los representantes de las empresas de una responsabilidad social que no fuese la de hacer tanto dinero como fuese posible para los accionis¬tas». Por lo tanto, los directivos son considerados como agentes fiduciarios encar¬gados de gestionar unos recursos a favor de los propietarios y a la hora de actuar su conducta debe ser .acorde con las reglas del juego, es decir, dentro de una com-petencia abierta y libre sin engaño ni estafa (Friedman, 1970).
Con el paso del tiempo, se ha ido generalizando el reconocimiento de que la actividad empresarial tiene un impacto no sólo económico sino también de tipo social y medioambiental en su entorno, ante el que debe asumir su responsabilidad. De acuerdo con Porter y Kramer (2003), la postura mantenida por Friedman de no intervención en los asuntos sociales es insostenible al apoyarse en dos supuestos implícitos que pueden ser falsos. El primero de ellos consiste en considerar que los objetivos sociales y económicos son diferentes y opuestos, de tal forma que si una empresa realiza inversiones de naturaleza social estará yendo en contra de sus resultados económicos. Sin embargo, esto no ha de ser necesariamente así y las acciones sociales pueden ayudar a mejorar el contexto en el que se mueve la empresa e, indirectamente, incrementar sus beneficios y reforzar su posición competitiva. El segundo supuesto subyacente en el planteamiento de Friedman consiste en considerar que cuando las empresas afrontan objetivos sociales no van a ofrecer una ayuda significativamente superior a la que podría proceder de otros donantes. De nuevo este supuesto es rebatible si consideramos que hoy día hay empresas, sobre todo grandes multinacionales, que disponen de unos recursos y capacidades que habitualmente superan a los que puedan tener los gobiernos, las organizaciones no gubernamentales y, por supuesto, los donantes particulares. Por lo tanto, la contribución de los agentes empresariales a la solu-ción de los problemas sociales no debe ser infravalorada.
La responsabilidad social corporativa (en adelante RSC) o responsabilidad social empresarial se ha convertido en un término de uso frecuente en el mundo de los negocios. Hoy día no hay gran empresa que no estudie en profundidad cuál es su RSC y diseñe un plan de acción coherente con dicha responsabilidad.
En este capítulo, en primer lugar se tratará de ofrecer una visión clara del concepto de RSC, de cómo puede responder la empresa ante las demandas socia¬les y de qué posibles implicaciones económicas se derivan. Además, la RSC puede tener un alcance estratégico, condicionando los negocios y mercados en los que va a competir la empresa y la forma en que va a ejercer dicha competencia. Finalmente, a la hora de afrontar la RSC por parte de una empresa suele ser útil transformarla en asuntos concretos a gestionar con los distintos grupos de interés de la compañía. Este planteamiento se corresponde con una visión de la empresa basada en sus stakeholders, por lo que se comentarán las líneas principales que definen esta teoría.
El resto de capítulos de esta obra se apoyarán en la estructura de stakeholders de la empresa ahora propuesta, puesto que irán profundizando en las particulari-dades de la RSC propias de la relación establecida con cada uno de ellos.
1.2. Responsabilidad social corporativa (RSC)
Atendiendo a las definiciones dadas en el Diccionario de la Lengua Española publicado por la Real Academia, el término «responsabilidad» podría describir¬se de la siguiente manera: «cargo u obligación moral que resulta para alguien del posible yerro en cosa o asunto determinado». De acuerdo con esta definición, la responsabilidad de la empresa será mayor o menor en función del número de asuntos que se entienda que guardan alguna relación con la empresa y de su naturaleza o contenido. Así, cabe preguntarse: ¿cuáles son los asuntos que debe abordar eficazmente la empresa porque un yerro en los mismos le generaría una carga u obligación moral? En definitiva, ¿qué papel debe jugar la empresa? Según Carrol! (1991) es posible distinguir cuatro componentes de la responsa¬bilidad de la empresa:
1. Responsabilidad económica. Las organizaciones empresariales se crearon con la finalidad de proporcionar unos bienes y servicios que satisfagan las necesidades de los consumidores a cambio de un precio justo, por lo que su naturaleza económica es evidente y el objetivo de maximizar el beneficio derivado de su actividad el primero en ser reconocido.
2. Responsabilidad legal. Se espera que las empresas actúen de acuerdo con las leyes y normas que regulan el funcionamiento del mercado y la sociedad de la que forman parte.
3. Responsabilidad ética. Recoge las expectativas que los accionistas, trabajadores, clientes y sociedad en general tienen respecto al comportamiento de la empresa según su consideración de lo que es justo y según sus principios morales.
4. Responsabilidad filantrópica. La sociedad en su conjunto desea que las empresas actúen como buenos ciudadanos y comprometan parte de sus recursos en mejorar la situación de bienestar de todos. Dicho deseo no implica estrictamente obligación para las empresas y en el caso de no actuar en este sentido su conducta no tendría que ser necesariamente tachada de falta de ética.
Tradicionalmente, la responsabilidad económica ha sido la predominante en la concepción empre¬sarial, lo que justifica su posición en la base de la pirámide, añadiéndose las responsabilidades legal, ética y filantrópica en fases sucesivas. Adicionalmente, entre estos componentes existirán conflictos, destacando los establecidos entre las responsabilidades económicas y el resto. Un estricto cumplimiento de la legalidad y de los compromisos sociales y, sobre todo, una conducta empresarial de naturaleza filantrópica, conllevarán una serie de desembolsos e inversiones cuya rentabilidad económica en ocasiones puede ser difícil de justificar.
Aunque estos cuatro componentes (económico, legal, ético y filantrópico) sean en ocasiones incluidos dentro del término de RSC, lo cierto es que este con¬cepto precisa de ciertas matizaciones.
Una de las definiciones clásicas de responsabilidad social de la empresa es la proporcionada por Davis (1960:70), quien hace referencia a «las decisiones y acciones tomadas por razones que, al menos parcialmente, se encuentran más allá de los intereses económicos y técnicos de la empresa».
De esta forma, se plantea que la empresa pueda tener intereses, motivaciones y competencia sobre asuntos sociales, que no se corresponden estrictamente con la simple actividad productiva y comercial entendida como generadora de bene-ficios. En realidad, este reconocimiento de la interacción entre empresa y socie-dad ha existido desde comienzos del siglo xx e incluso pueden encontrarse ejemplos de pura filantropía empresarial en el siglo xix. A mediados de la década de 1920, representantes y directivos de empresas ya comenzaron a hablar de la necesidad de atender los intereses de otros agentes distintos de los accionistas. Estas ideas sufrieron altibajos durante la década de la depresión de 1930 y fueron subordinadas ante otras necesidades más urgentes en la Segunda Guerra Mundial (Heald, 1970). Sin embargo, en los años 50 resurgieron con fuerza (Bowen, 1953), experimentando un desarrollo ininterrumpido hasta nuestros días.
La idea principal de la RSC consiste en que las empresas tienen obligación de trabajar para conseguir una mejora del bienestar social. Esta obligación puede ser reconocida y asumida voluntariamente por la empresa o puede ser impuesta coercitivamente por parte de las autoridades públicas, fundamentalmente a través de su capacidad y autoridad legislativas (Frederick, 1994). De acuerdo con este planteamiento, el cumplimiento de la legislación vigente podría considerarse como un acto de responsabilidad social. Sin embargo, muchas veces este componente de la responsabilidad de la empresa, al igual que sucediera con el económico, suele considerarse al margen de la responsabilidad social.
En definitiva, el concepto de RSC predominante en la actualidad hace refe¬rencia a la asunción de la obligación de llevar el comportamiento corporativo a un nivel superior en el que sea congruente con las normas, valores y expectativas sociales existentes y no sólo con los criterios económicos y legales (Sethi, 1979; Boatright, 2003).
A pesar de lo dicho, también es cierto que en su momento no todos aceptaron una visión tan amplia de la responsabilidad de la empresa. En este sentido, podríamos remontarnos en el tiempo hasta Adam Smith (1776), quien proclamó explícitamente que la búsqueda del interés individual por parte de todos los agentes que intervienen en el sistema económico contribuye al interés público gracias a la acción de la denominada «mano invisible» del mercado. La filosofía del laissez faire o no intervención en los mercados fue la predominante en el siglo XIX, entendiendo que la búsqueda y aprovechamiento de las oportunidades personales en un mercado de libre funcionamiento tenía como consecuencia el progreso de la comunidad y el bienestar social. Ya en el siglo pasado, Levitt (1958) criticó la nueva corriente de responsabilidad social manifestando que el bienestar social es responsabilidad de los gobiernos, pero no de las empresas. No obstante, sería Millón Friedman, Nobel en Economía y miembro de la conocida como Escuela de Economía de Chicago, quien negara de forma rotunda la necesidad de que las empresas asumieran obligaciones o responsabilidades más allá de la simple gene¬ración de beneficio. No cabe duda de que esta postura adolece de una importante carga ideológica. Así, Friedman (1962:133) argumentó que «pocas tendencias podían socavar tan profundamente los cimientos de nuestra sociedad como la asunción por parte de los representantes de las empresas de una responsabilidad social que no fuese la de hacer tanto dinero como fuese posible para los accionis¬tas». Por lo tanto, los directivos son considerados como agentes fiduciarios encar¬gados de gestionar unos recursos a favor de los propietarios y a la hora de actuar su conducta debe ser .acorde con las reglas del juego, es decir, dentro de una com-petencia abierta y libre sin engaño ni estafa (Friedman, 1970).
Con el paso del tiempo, se ha ido generalizando el reconocimiento de que la actividad empresarial tiene un impacto no sólo económico sino también de tipo social y medioambiental en su entorno, ante el que debe asumir su responsabilidad. De acuerdo con Porter y Kramer (2003), la postura mantenida por Friedman de no intervención en los asuntos sociales es insostenible al apoyarse en dos supuestos implícitos que pueden ser falsos. El primero de ellos consiste en considerar que los objetivos sociales y económicos son diferentes y opuestos, de tal forma que si una empresa realiza inversiones de naturaleza social estará yendo en contra de sus resultados económicos. Sin embargo, esto no ha de ser necesariamente así y las acciones sociales pueden ayudar a mejorar el contexto en el que se mueve la empresa e, indirectamente, incrementar sus beneficios y reforzar su posición competitiva. El segundo supuesto subyacente en el planteamiento de Friedman consiste en considerar que cuando las empresas afrontan objetivos sociales no van a ofrecer una ayuda significativamente superior a la que podría proceder de otros donantes. De nuevo este supuesto es rebatible si consideramos que hoy día hay empresas, sobre todo grandes multinacionales, que disponen de unos recursos y capacidades que habitualmente superan a los que puedan tener los gobiernos, las organizaciones no gubernamentales y, por supuesto, los donantes particulares. Por lo tanto, la contribución de los agentes empresariales a la solu-ción de los problemas sociales no debe ser infravalorada.
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